LIBROS CON PAGINA PROPIA

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es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

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23/4/18

Sherlock Holmes en Cuba...

Aventuras de Sheila Jólmez, por el docto Juancho
es mi más reciente libro, publicado en Cuba por Ediciones Capiro con copywrite 2018, pero que ha sido impreso en abril 2017.

Aventuras de Sheila Jólmez, por el docto Juancho
Ediciones Capiro (colección Taita)
Santa Clara, abril de 2018
Ilustraciones del autor

Como ocurre en la casi totalidad de las historias (cuentos y novelas) de su modelo Sherlock Holmes, las aventuras de Sheila Jólmez son narradas por su amigo el docto Juancho (inspirado evidentemente en el doctor Watson). Si el doctor Watson no parece sufrir de cuestionamientos literarios, el docto Juancho parece tomar más en serio su vocación literaria, y su admirada Sheila manifestarle puntos de vista exigentes en la misma materia. Por ello, la cuestión del estilo es evocada en la breve introducción:

El modesto volumen que el lector tiene en sus manos contiene los cuatro primeros casos de Sheila Jólmez… Aunque no se debe excluir la posibilidad de que mi singular amiga, quien une a sus extraordinarias dotes de observación y deducción una ejemplar modestia y una cierta predilección por el secreto, haya protagonizado antes hazañas que me son desconocidas.
Sheila es, hasta el momento, la detective más joven del mundo, pero no por ello es la menos brillante y experimentada. He tenido el honor de vivir junto a ella aventuras tan apasionantes como las aquí relatadas… sin ir más lejos

Mis lectores santaclareños reconocerán fácilmente algunos lugares, nombres y sucesos de su ciudad, mientras que otros les parecerán extranjeros o enteramente salidos de mi imaginación. Esto se debe a que la divulgación de algunos detalles de los casos brillantemente resueltos por Sheila Jólmez es de momento imposible sin poner en peligro la reputación o la seguridad de ciertas personas. De ahí que me haya tomado lo que en literatura se conoce como “licencia poética” y que nada tiene que ver con la poesía sino con la libertad que posee todo escritor, incluso simple aficionado como yo, de borrar las huellas de su “crimen” de papel y tinta...
(fragmento escogido por la editorial como nota de contratapa)

En realidad no me parece enteramente satisfactoria la elección de ese fragmento, puesto que en él, el tono es un poco más lento que en los cuentos propiamente dichos, caracterizados por una acción más pura. Este es el "verdadero" comienzo de la trama:

 una niña fuera de lo común

Era la tercera vez en diez días que yo terminaba la jornada en la enfermería del colegio. A medida que se acercaba la hora de la salida, comenzaba a sentir mareos, sudores fríos y deseos de vomitar o de correr hacia el inodoro más cercano.
–¿De nuevo tú? –exclamó la enfermera al verme llegar, sostenido por dos compañeros de aula cuyos nombres todavía no había tenido tiempo de aprenderme–. Esta vez voy a tener que llamar a tus padres.
–Por favor, señorita –supliqué mientras me desplomaba en la cama–. No moleste a mi mamá. Ya se me pasa…
–Se te pasa, se te pasa… ¡hasta la próxima vez! –rezongó la enfermera–. Lo tuyo debe ser un virus y tus padres tienen que llevarte al médico.
–Es que mi madre está muy ocupada. ¿Para qué darle más motivos de inquietud?
–Bueno, tómate esto y cuando te sientas mejor, seguimos discutiendo.
La enfermera me dio un vaso en el cual se disolvía un medicamento efervescente y, tras ayudarme a tenderme, se volvió hacia la otra persona que se hallaba en la enfermería.
Era una niña tan delgada que parecía más alta de lo que ya era. Su nariz, fina y levemente encorvada, hacía más visibles unos ojos grises y penetrantes a los que, incluso sin darse ínfulas de escritor, cualquiera atribuiría una “mirada de águila”.
–Y tú, dame acá ese dedo para desinfectarlo –le espetó la enfermera–. No comprendo qué te ocurre últimamente, Sheila. Siempre te creí una de las alumnas más inteligentes y mañosas del colegio; pero hoy te has cortado y ayer te caíste de un muro... al que no sé por qué diablos tuviste que trepar. Sin mencionar que la semana pasada te quemaste con ácido en el laboratorio de química… donde tampoco tenías por qué estar, puesto que no comenzarás esa materia hasta el año que viene. Y antes, ¿qué fue lo que hiciste…? ¡Ah, sí! Golpeaste con un palo, con un tubo de goma y con una cuerda a varios de tus compañeros… ¡O sea que eres un peligro público, además de un peligro para ti misma!
La enfermera no había alzado los ojos del dedo que estaba desinfectando y no advirtió que la niña sonreía: ¡como si en vez de fechorías le estuviera recordando honrosas hazañas! Por mi parte yo no veía qué podía en todo aquello ponerla de buen humor.
–Ya está. Quédate tranquila un rato, con el dedo en alto, para que la sangre no haga presión sobre la herida –suspiró la enfermera. Y volviéndose hacia mí, exigió con un tono que no admitía réplica–. Dame el número de tu mamá.
Saqué mi agenda de bolsillo y se la entregué, abierta por la primera página.
–Aquí tiene, señorita.
La enfermera hizo una mueca y gruñó:
–Llámame “enfermera” o “doña Nursy” como todo el mundo.
La sonrisa maliciosa volvió al rostro de Sheila y otra vez me quedé sin comprender por qué.
–Voy a llamar –dijo la enfermera. Pero antes de salir se volvió hacia su otra paciente–.Y tú no te muevas de esa silla. No te pongas a curiosear ni toques nada, ¿entendido?
No debía estar a tres metros de la puerta, cuando ya Sheila había abierto un cajón y se ponía a examinar los instrumentos médicos. Lo que más le interesó fueron unas curiosas tijeras que al mismo tiempo eran pinzas.
–¡Ten cuidado con eso! –susurré.
–No pasa nada –replicó Sheila con un tono que no tenía nada de tranquilizante–. No soy ni torpe ni violenta. Simplemente hago experimentos. Suelo probar conmigo misma, pero de vez en cuando necesito colaboración ajena para poder observar fría y objetivamente los resultados. Un detective tiene que saber mucho sobre contusiones, heridas, cicatrices…
–¿Detective? –repetí sin poder aguantar la risa–. Yo diría que tienes doce años.
–Doce años y cinco meses –precisó Sheila–. La vida es muy corta: si aspiras a ser bueno en algo, empieza ya.
Estuve a punto de preguntarle: “¿Quieres ser detective cuando seas mayor?”, pero me contuve a tiempo. No solo estaba claro a qué aspiraba, sino que se consideraba suficientemente mayor.
–Y aprende de una vez que no se habla de edad a las damas. ¿Cómo se te ocurre decirle “señorita” a una cincuentona? Todo el mundo sabe que a doña Nursy no se le puede recordar que nunca se ha casado ni tiene pareja. Y no te justifiques diciendo que eres nuevo en el colegio. Tú vienes del norte de la provincia y no de otro planeta.
–¿Cómo sabes…? –comencé estupefacto, pero me interrumpió con un encogimiento de hombros y un movimiento de cabeza perfectamente sincronizados.
–Que eres nuevo se nota en tu manera de mirarlo todo y en cómo tratas a la gente…
–Sí, pero ¿cómo sabes que vengo de Motembo?
–Ah, claro, Motembo… –comentó Sheila lentamente, como tomando nota–. El lugar exacto no lo había determinado, pero sí que era un pueblo chiquito donde la tierra es roja…
–¿Y cómo diablos sabes que la tierra de mi pueblo es roja? –la interrumpí cada vez más asombrado.
–Por mucho que hayas lavado tus zapatillas, en los surcos de las suelas han quedado restos de esa arcilla roja que en nuestra provincia solo abunda por el noroeste. Por supuesto, alguien que hubiera estado unos días en esa región también tendría restos de tierra roja en las suelas; pero tus cordones, que fueron blancos, han cogido un tinte rosado que indica que has pisado tierra colorada durante mucho más tiempo. Si observas las zapatillas de nuestros compañeros de colegio, verás que sus cordones se han vuelto grisáceos, como ocurre con todo calzado de ciudad.
 –¿Y por qué no podría yo venir de Matanzas donde, como tú misma has dicho, la tierra es igual de colorada que en Motembo?
–Porque estás acostado frente a un banderín de Los Cocodrilos y no te has dado por enterado.
–No me gusta la pelota –argumenté.
–Eso no cambia nada –replicó Sheila inmediatamente–. Cuando uno acaba de irse de un lugar, todo cuanto se lo recuerda le llama la atención. Te hubieras preguntado “¿qué hace aquí un banderín del equipo de mi provincia?”, pero si viste el banderín, no lo miraste.
A quien yo no podía dejar de mirar era a aquella niña extraordinaria. No sé si empezaba a contagiarme su manía de analizarlo todo, pero me dije que mirar fijamente a una persona no basta para entender lo que tiene en la cabeza. Por algo el Principito advirtió que “lo esencial es invisible a los ojos”.
–Todo es cuestión de observación y deducción –aseguró Sheila–. Pero también hay que entrenarse. Si yo no hubiera estudiado los suelos del centro de Cuba, no podría distinguir la tierra roja de Manacas de la tierra colorada del norte de Villa Clara.
–Yo prefiero la astronomía –dije para que no creyera que soy de esos que no se interesan en nada.
–No me extraña –respondió con un tonito superior–. A primera vista se ve que tienes la cabeza en las nubes. La astronomía no tiene ninguna utilidad práctica. No ayuda a comprender lo que sucede alrededor de una.
Para no reconocer que algo de razón tenía, intenté cambiar de tema.
–¿Qué más has adivinado de mí, a ver?
–Yo no adivino nada –aclaró secamente–. Yo observo y deduzco.
–De acuerdo –concedí–. ¿Qué es lo que la observación te ha permitido deducir sobre mí?
Pero en ese momento reapareció la enfermera.
–Tu madre pasará a recogerte dentro de quince minutos –me dijo. Y a Sheila–. ¿Serías tan amable de acompañar a Juancho mientras tanto?
–¡Cómo no, doña Nursy!
Pensé que aquella interrupción haría olvidar a Sheila mi pregunta. Pero ese día aprendí que ningún suceso ordinario la apartaba de lo que realmente le interesa. Ya estábamos sentados junto al portón del colegio, esperando a mamá, cuando sin el menor preámbulo, soltó:
–Tu madre y tú han venido a Santa Clara contra su voluntad y tienen problemas en el lugar donde se alojan; la casa de un pariente cercano, sin dudas. No sé qué ha sido de tu padre, pero está claro que él no puede ayudar.
Esta vez quedé tan sorprendido que estuve a punto de caerme del banco.
–¡Elemental, mi querido Juancho!– dijo Sheila, sosteniéndome por un brazo–. Las dos veces que la enfermera dijo que debía hablar con tus padres, tú solo mencionaste a tu mamá. Y cuando te preguntó su teléfono, no te lo sabías de memoria. O sea, que el número lo conoces desde hace poco. No debe ser el de casa, sino el de su centro de trabajo. Y como empezó a trabajar ahí recientemente, no creo que haya tenido problemas tan graves como para contártelos. Una madre no le haría eso a un hijo que, como tú, se esfuerza en evitarle preocupaciones... Aunque no pareces ser de mucha ayuda.
Sheila es así: muy inteligente y observadora, pero muy poco delicada. Te suelta lo que piensa sin tomar en consideración que pueda ser una verdad dolorosa.
–Por lo que ha dicho la enfermera, tu malestar aparece siempre a la hora de regresar a casa, así que… ¡está clarísimo! El problema de ustedes está en el sitio donde se alojan.
Después de aquello, no me costó mucho contarle en detalle la situación que tan admirablemente había adivini… (perdón) deducido. 

una de mis ilustraciones para el primer cuento "Estudio Escarlata"


Tres de los cuatro cuentos que componen el libro están inspirados en sendas aventuras de Sherlock Holmes y el doctor Watson pertenecientes al "canon"; es decir escritas por Arthur Conan Doyle: "Un estudio en escarlata", "El caso de los seis Napoleones" y "El problema del Reino de Bohemia".
Todos los he recreado libremente, adecuándolos a las posibilidades intelectuales y vitales de dos niños de 12 años, al paisaje de Santa Clara, y a aspectos diversos de la Cuba actual.
En el fragmento anterior, el buen conocedor del mundo holmesiano habrá notado que manejo con bastante libertad, pero con disciplina muchos datos del "canon". Por ejemplo: Sheila y Juancho se encuentran en circunstancias parecidas a las de Sherlock y Watson (quien por cierto se llamaba John, es decir Juan) y la primera de sus aventuras es también la primera de mi libro...
El cuarto cuento, "Caso Polo Norte" paradójicamente el primero que escribí ( hace más de 10 años; cuando aún no tenía planificado hacer un todo un libro con estos personajes) es totalmente imaginado por mí. Es el más sencillo y más corto; pero tal vez por eso mismo, está más centrado en los protagonistas.
 
el Teatro La Caridad es escenario de uno de los episodios del cuento "Los seis coroneles"
y lo representé en la ilustración de tapa

El coronel independentista Leoncio Vidal da nombre al parque central
de Santa Clara. Es el lugar más importante de la ciudad y un busto situado frante al antiguo gobierno municipal
(hoy emisora de radio) le rinde homenaje.  El cuento "El caso de los seis coroneles" narra una aventura en torno a seis bustos
de yeso del patriota que resultan enigmáticas víctimas de un misterioso vándalo.

Prevista para la Feria Internacional del Libro de La Habana, en febrero, la publicación fue retardada por diversos problemas (de imprenta, de papel, etc) hasta solo 15 días antes de la Feria del libro en Santa Clara... en la que tampoco pude presentar mi libro, puesto que la inaguración de este último evento fue prorrogado al 25-29 de abril, cuando ya yo estoy en París. No obstante, llegué a presentar el libro en dos programas radiales de la provincia e incluso dejé un mensaje grabado para el público que asistirá al lanzamiento oficial, que dejé encargado al editor, librero, amigo y escritor (también policial) Lorenzo Lunar.

I
Invitado por la crítico literaria y cronista cultural Carmen Sotolongo,
presenté "Aventuras de Sheila Jólmez, por el docto Juancho"
en el programa Hablemos, de la emisora provincial CMHW

Como toda entrevista grabada y luego resumida para un periódico, esta que me hizo Yinet Hernández no es demasiado fiel a mis intenciones; pero tiene el mérito de existir y de decir alguna cosa oportuna:http://www.vanguardia.cu/cultura/11210-aventuras-de-sheila-jolmez-por-el-docto-juancho-y-un-conan-doyle-a-lo-cubano



6/4/18

Carta a Andersen


EL DIA INTERNACIONAL DEL LIBRO INFANTIL se celebra cada año en Cuba con la lectura, por uno de los escritores del país, de una "Carta a Andersen".
Este año fui seleccionado para presidir una actividad que, por iniciativa de la Sección de Literatura Infantil de la Unión de Escritores y Artisas de Cuba, reúne a escritores, editores, promotores del libro infantil... y, por supuesto, niños.

 He aquí el texto de mi mensaje:


                                                                                                               La Habana, 2 de abril de 2018


Querido Hans Christian,

¿Recuerdas nuestro encuentro en el jardín de la catedral Sankt. Knud hace… hace… ¿cuánto tiempo ya…? Veintiséis años... ¡Cómo pasa el tiempo!

Aquella noche solo estaba yo… o eso creí… en el jardín detrás de la catedral, cuando sonaron las campanas, indicando que eran las nueve de la noche de mi primera jornada en Odense, tu ciudad natal… ¡y ocurrió el milagro!

Hacía ya seis meses del día en que llegué a Copenhague y, antes de preguntar dónde se comía y se dormía, pregunté dónde estaba la tumba de Andersen. En mis primeros días en la ciudad a la que marchaste apenas adolescente en busca de la gloria, visité tu hermosa estatua junto al ayuntamiento, tu tumba en el cementerio de Assistens, tu última residencia en el pintoresco barrio portuario de Nyhavn, el Teatro Real donde quisiste ser bailarín, actor y cantante, y donde al fin conseguiste estrenar alguna de tus obras teatrales, antes de que fuera en los cuentos (para adultos primero y para niños después) los que te consagraran entre tus compatriotas y ante la Humanidad. Y, por supuesto, el Parque Tivolí, que tanto te gustaba y que te inspiró “El ruiseñor”, cuento que nuestro Martí escogiera para su revista La Edad de Oro.
Pero quizás la cosa más extraordinaria que me ocurrió al inicio de los tres años que pasaría en Dinamarca fue que el apartamento donde viví allí estaba en Odensegade, la calle que lleva el nombre de tu natal Odense y que está situada en el barrio de Osterbro, muy cerca de  la estatua de tu más famoso personaje, la Sirenita.

En realidad, lo nuestro venía de mucho antes, puesto que entre los primeros cuentos que leí en mi vida estaban los tuyos, primero en las versiones que hizo Herminio Almendros en su popular libro “Había una vez”, y luego en las mimadas traducciones de nuestro gran poeta Eliseo Diego. Todavía niño leí tu biografía “El cuento de mi vida”… Pero no fue hasta que llegué a Dinamarca que te conocí realmente. No solo compré y leí la cuidada edición francesa de tus Obras Completas, con todos tus cuentos y algunas de tus novelas y relatos, sino varias biografías y algún estudio. 

Fue entonces, en la Copenhague de tus delirios, sufrimientos, denuedos y, al fin, triunfos, que comprendí realmente tu obra… y lo que me unía a ti: esa manera entonces novedosísima de expresar toda tu alma, con sus luces y sombras, en un “simple” cuento para niños. Fue allí en mi buhardilla de Odensegade, tras leer o releer, en magníficas traducciones al español, el francés o el inglés ¡y hasta en danés!, tus mejores cuentos… que escribí mis primeros libros verdaderamente  personales: “Los cuentos del mago y el mago del cuento” y “Aventuras de Rosa de los Vientos y Juan de los Palotes”…  en un estilo próximo al tuyo y que he llamado “fantasía comprometida con la realidad”.

Cuando la Sección de Literatura Infantil de la UNEAC me invitó a leer ante tu estatua habanera un mensaje por el Día Internacional del Libro Infantil, que se celebra cada 2 de abril, fecha de tu natalicio en 1805, acudió a mi mente y a mi corazón, pese al radiante sol y agobiante calor cubanos, el  recuerdo de aquella fresca noche de Odense, cuando las campanadas de Sankt Knud hicieron vibrar tu estatua, revelándome tu presencia –no en cuerpo, pero sí en alma, tu alma ardiente de danés universal. 

Aquel día –hace exacta e te 26 años- yo había había seguido tus huellas por tu casa natal, hoy maravilloso museo,  la casita minúscula y tierna donde pasaste tu humilde e inspiradora infancia y el “Paseo de los Filósofos”, en las bucólicas orillas del río. Ya de noche y a punto de dejar la ciudad, me detuve a la sombra inmensa de la catedral gótica, dispuesto a sostener una conversación mental con tu estatua… ¡Y ocurrió el milagro!

El silencio de la noche fue roto por las campanadas y tras un imperceptible temblor en el reverdecido bronce de tu efigie… ¡escuché tu voz! Tu hermosa voz: profunda, suave, seductora, tal como la describieran aquellos que tuvieron el privilegio de escucharte en lecturas públicas, conversaciones en burgueses salones y aristocráticas cortes, o cuando –en la intimidad de unos niños de tu afecto- contabas tus maravillosas historias.

Y tu voz me incitó a continuar arando la blanca tierra de los libros, avanzando por la senda que rociaste con lágrimas y estrellas, a fin de ofrecer a los más necesitados –los niños- un mundo mejor: un mundo de palabras y sueños, hecho para lavar a la realidad de sus cicatrices y donde siempre pueda germinar el amor.

Un cálido abrazo, 

                              t Joel Franz Rosell





En el acto participaron varios escritores y promotores del libro infantil, así como un grupo de estudiantes universitarios que se apresta a consagrarse al importante género. Un nutrido grupo de niños de escuelas primarias de La Habana asistieron a la lectura de la Carta y al encuentro, que tuvo lugar a continuación en la biblioteca del Liceo Artístico y Literario (copatrocinador del evento), con los autores Nerys Pupo y Eudris Planche Savón. 
La primera presentó el libro “Abracadabra”, una selección de textos –de ficción o no- en torno a la magia de la autoría de unos cuarenta autores de varios países y épocas. Por su parte, Eudris Planche presentó su noveleta “Hermanas de Intercambio”, premio Pinos Nuevos 2015. Ambos títulos fueron ofrecidos a los niños presentes.

El Día Internacional del Libro Infantil fue instituido por iniciativa de la Organización Internacional del Libro Infantil y Juenil (IBBY)y desde hace varios años es celebrado en la capital cubana gracias a la cooperación de la Sección de Literatura Infantil de la UNEAC, la Biblioteca Rubén Martínez Villena y el Liceo Artístico y Literario, institución sostenida por la Oficina del Historiador de la Ciudad que realiza una importante labor cultural y social en la zona histórica de La Habana.

Como digo en la Carta, mi relación con Andersen data de la infancia, pero se consolidó durante mi estancia en su país entre septiembre de 1991 y agosto de 1994.

frente a la estatua de Andersen junto a la plaza del ayuntamiento en el centro de Copenhague,
(septiembre de 1991)

homenaje ante la tumba de Andersen en el cementerio de Assistens en Copenhague
(septiembre de 1991)

conservo una de las tarjetas telefónicas que utilicé en Dinamarca

junto con mi amigo y colega Luis Cabrera Delgado ante la casa natal y museo de Andersen
en Odense, Fionía, en octubre de 1992



6/3/18

Chinos y cubanos en la Feria Internacional del libro de La Habana 2018




FERIA DEL LIBRO DE LA HABANA 2018: EL UNICO CUBANO CON TRES LIBROS EN CHINO

UN CUENTO CHINO

Grande fue mi sorpresa al descubrir en la XXVI Feria Internacional del Libro de La Habana la versión china de mis libros  “Gatito y el balón”, “Gatito y las vacaciones” y “Gatito y la nieve”. Esta serie de cortas historias para prescolares con ilustraciones de la alemanaConstanze v. Kitzing fue estrenada por la editorial española Kalandraka entre 2012 y 2015. Inicialmente publicada en las lenguas oficiales de la península ibérica, ha sido también traducida al inglés, el francés, el portugués, el italiano y el coreano.



Mis tres libritos no se hallaban a la venta sino expuestos en la vitrina “Traducción mutua entre ChinayCuba”, a la entrada del vasto espacio ocupado por el país invitado de la vigesimosexta edición de la FILH. Hasta donde pude comprobar, fui el único cubano con libros infantiles en la muestra, el único con tres libros y el único vivo, entre figuras emblemáticas como José Martí, Ernesto Guevara, Fidel Castro y el clásico decimonónico “Cecilia Valdés”.





Yo sabía que el primer libro de la serie había sido publicado en China, pero ni siquiera había visto una imagen de tapa, y mucho menos sabía que la segunda y tercera aventuras de Gatito ya estaban en la lengua de Confucio. Al orgullo de descubrirlos como únicos representantes de toda la literatura infantil y juvenil cubana en la edición china, se mezcló la frustración de no poder cogerlos en mis manos y hojearlos por primera vez, pues la vitrina estaba herméticamente cerrada.

Todos los libros del espacio consagrado a la República Popular China que estaban en mandarín poseían una tarjeta con datos en castellano. Pero algunas de esas tarjetas no facilitaban más que título y editorial, y en ese caso se hallaban los míos. Por eso, solo alguien que hubiera visto las tapas (prácticamente iguales en todas las lenguas) que he colgado en la web y ofrecido a alguna biblioteca cubana  hubiera podido reconocer los libros e identificar a su autor. En un primer momento me sorprendió que ninguno de los escritores, editores, promotores y otros profesionales que visitaron el stand de China, sintiera curiosidad por saber quién era el autor (de tres títulos, nada menos) que se osaba poner junto a Martí, Villaverde, Fidel o el Che. Hubiera bastado con preguntaro a los estudiantes de chino que atendían el stand.

Si en el espacio consagrado a China había centenares de títulos (pocos en castellano, algunos en bilingüe inglés-mandarín), las tres vitrinas de “Traducción mutua entre China y Cuba” contenían demasiados pocos títulos para no que no llamaran la atención los únicos inconfundiblemente consagrados a la infancia, tan distintos de las tapas más bien severas de la predominante literatura política o informativa.

Solo descubrí mis libros unas horas antes de que la vitrina fuera desmantelada y los ejemplos de “traducción mutua” fuesen empaquetados (para ser enviados a la embajada china, al Instituto Confucio y a la Biblioteca Nacional, me dijeron). Me hubiese encantado hablar con mi editor, de estar presente, y presentarle –a él o a otro de sus colegas-mi novela La Isla de las Alucinaciones (Premio Avelino Hernández de Novela Juvenil 2016 en España). Esa obra, publicada en agosto pasado por la editorial Premium (Sevilla) concede un importante lugar a la emigración china en la Cuba de los siglos XIX y XX.